Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

domingo, 28 de mayo de 2017

Guerrilla Poética (1): Raúl Parra:


El día 1 de junio, cae de jueves, a eso de las ocho de la tarde, en la librería La buena letra, en Gijón, comparto cartel con estos tres cracks de la poesía: Raúl Parra, Jose Yebra y Nayar Crespo Sánchez. Todos con libros recientes: Raúl Parra con Fatou; Jose Yebra con Otra lengua extinta ; y Nayar Crespo Sánchez con Galerna. En cuanto a mí casi seguro que ya habrá ejemplares disponibles de Siguiendo los pasos del hombre que se fue. Yo de ti, no me lo perdería. Nos gustaría verte allí. Para recordártelo subiré unos post con poemas de los poetas implicados en los próximos días. Y empezamos por Raúl Parra y un poema extraído de Fatou.





NÓMADA

Nómada,
solamente si no me dejas
asentarme en el terreno pantanoso
de tu corazón,
con esta semiárida soledad
que llevo a rastras.

Siempre te dije, hasta cansarme,
que había mucho mundo ahí dentro.

Me di cuenta en esas ocasiones
en que dejas respirar
a las fieras y a las flores.
Al cansancio y a la magia.
A partes iguales.
Equitativamente.

Hay un gran territorio
del que solo puedo palpar
unos pechos brutales,
unas nalgas de ensueño,
unas mejillas suaves como la luz,
una mano pequeña
donde cabe todo mi bienestar,
cuando duermo plácidamente.

Nómada,
solo si no puedo formar parte
de tu misma patria,
de tu mismo nombre.

Tú que aborreces las banderas
desde que existe el fuego
y solo ves maneras
de traspasar fronteras y noches,
a escondidas conmigo,
campo a través.

Tus ojos ondean frente a un horizonte,
sinónimo de belleza,
que da a tu océano interior,
repleto de criaturas abisales
de todas formas y colores
que jamás dejan de sorprenderme.

Nómada,
solo si no encuentras
un lugar de piel o entrañas
donde pueda gritar desde la calma:
¡Estoy en casa!
o
¡Aquí estoy a salvo de mis desastres!

Yo que tantas veces mataría
por ser viento solamente para moverte el pelo
y arrastrar tu olor a las fosas nasales de la humanidad.

Al fin y al cabo,
no he dejado de buscar nunca
una choza, un puente, un palacio...
Pero contigo.

No necesito más hogar que un pecho
que late mi nombre
a cada segundo
ni más luz que tu amor,
que tu mano,
que tu vida
junto a la mía.



Raúl Parra. Fatou. Edición de Autor, junio 2016. Prólogo de Chema Caballero. Epílogo de Dia Mamadou. Ilustraciones de Marc Aguilar.






Joseba Sarrionandia: ¿La poesía ha muerto? (2):



REFLEXIÓN SOBRE EL MAR

Nuestros recuerdos,
como tablones
de naufragio,
no se deshacen
en el fondo del mar,
ni navegan
en pos
de ningún puerto,
nuestros recuerdos,
como tablones
de naufragio,
se deslizan
sobre el agua,
al azar,
zarandeados por las olas,
sin poderse descomponer
              y sin propósito alguno.


Lejanísimas las playas de huesos
                                  de gaviotas.







EL ESCLAVO HERRERO

Sometido en las selvas de occidente,
         encadenado te trajeron a Roma, esclavo.
Te instruyeron en el oficio de herrero
              y haces cadenas obedientemente.
El hierro al rojo que extraes del horno
              lo puedes moldear como quieras.
Podrías hacer azadas, o espadas,
                    para poder romper las cadenas.
Pero tú, ese esclavo, haces cadenas,
                                      más cadenas.



Joseba Sarrionandia. ¿La poesía ha muerto? Pamiela Ediciones, 2016. Traducción del euskera: Joseba Sarrionandia.


sábado, 27 de mayo de 2017

Iosu Moracho: La Utopía tiene los pies descalzos (y 3):



CAPERUCITAS

Somos como niños.
Los políticos nos cuentan cuentos desde sus tribunas
y nosotros nos los creemos.
Ahora nos dicen que viene el lobo
y de puro gusto
se nos eriza el cabello.







SIMIOS

Y nos basta con sentirnos distintos
en una selva entre iguales...
Como un sifón rojo
en una caja llena de sifones azules.

Trepamos las mismas lianas,
subimos y bajamos por los mismos árboles,
rozamos con nuestro culo los mismos sitios,
comemos las mismas hojas y las mismas bayas
y nos quitamos unos a otros, los mismos piojos
de los mismos idénticos lugares.

¿Todavía nos creemos tan distintos?

¡Ah, sí, unos comen con cubertería de plata
y de la mano de los más grandes restauradores
y otros comen con la mano,
mientras luchan por que su dignidad quede a cubierto y restaurada!



Iosu Moracho. La Utopía tiene los pies descalzos. Amargord Ediciones, 2016.

Poesia Norteamericana (92): Carolyn Forché: El país entre nosotros (3):







PARTIDA

Lo llevamos con nosotros, el llanto de un tren
rebanando el campo
dejando su tiesa unión, una distante
ternura como cuando los rieles se deslizan
tras de nosotros y nuestras ventanas
tocan el campo, donde parece
que los muertos despiertan y llegan
a los otros. Tu mano
acuna la luz de un cerillo
hacia tu boca, hacia la mía, y quiero
preguntar si los muertos sostienen
sus bocas entre sus manos de este modo
para saber qué queda de ellos.
Entre nosotros, un pañuelo de humo,
un paquete de pertenencias, equipaje
que parecerá flotar a nuestro lado,
la moneda cambiará
y cambiará de nuevo. Aquí está el nombre
de un amigo que te llevará dentro,
los papeles de un hombre que desapareció,
aquél en que te convertirás cuando
el hombre que has sido desaparezca.
Yo soy la mujer cuya fotografía
no reconocerás, cuyo rostro
vaciaba tus ojos, cuyos ojos
eran breves como la más pequeña
de las ciudades por las que escapamos.



Carolyn Forché. Un país entre nosotros. Valparaíso Ediciones, 2016. Traducción de Andrea Rivas.

viernes, 26 de mayo de 2017

David González: Siguiendo los pasos del hombre que se fue (2):




La solapa de Siguiendo los pasos del hombre que se fue:





Cuando en el año 2015 se editó Campanas de Etiopía, cuaderno 1 del ciclo autobiográfico Los que viven conmigo, caí en la cuenta  que sobre algunos de los personajes que aparecen en dicho libro ya había escrito, y mucho, en libros míos anteriores.  Como dichos personajes aparecerán, con mayor o menor presencia, como personajes centrales o personajes secundarios o simples figurantes en los siguientes cuadernos del ciclo, ciclo en el que invertiré  ya todo mi tiempo de escritura hasta que me muera, pensé en recuperar esos textos ya escritos y ya editados en otros libros, adaptarlos a mi escritura de ahora e incluirlos en este ciclo que, como su propio nombre indica, habla de aquellos y aquellas que viven conmigo desde que vine a este mundo y que vivirán conmigo hasta que me vaya de él.  Sin estas historias que ahora recupero en Siguiendo los pasos del hombre que se fue no podrían entenderse la actitud y el comportamiento o las decisiones de muchos de los personajes que pululan y pulularán por los distintos cuadernos del ciclo. Este es el principal motivo de mi decisión de recuperar esas historias e incluirlas en el ciclo. Este hecho, formar parte de un corpus mayor, les da a estos textos otra dimensión. Textos que, como los del resto del ciclo, funcionan de manera independiente entre sí, pero que, junto a los demás, ofrecen un amplio y vasto  fresco y panorama de los años que me han tocado vivir y de las personas que me he encontrado por el camino. Otra de las ventajas de este ciclo es que cualquiera que tenga interés en él puede empezar a leerlo por cualquier cuaderno sin que por ello se resienta su comprensión del resto del ciclo. Hay otra razón para la recuperación de estos textos antiguos y no es otra que el hecho de que cada vez más a menudo me escriben potenciales lectores para lamentarse de que no encuentran mis libros por ninguna parte. Lo que me lleva a pensar que, en realidad, para la mayor parte de los lectores, incluso los lectores fieles, muchos de estos textos son casi inéditos. 

Voy a dejarte ahora con un breve párrafo de uno de los relatos incluidos en Siguiendo los pasos del hombre que se fue, para que puedas apreciar una o más de mis innovaciones formales en lo que a prosa se refiere. Decirte, también, que cada post que suba aquí sobre este libro tendrá su correspondencia con un clip de vídeo donde recitaré alguno de los poemas y que solo podrás ver en mi muro de Facebook, seas o no amigo mío en dicha red social.


LAVAR LA SANGRE (fragmento)

Hace ahora tres años, en febrero de 2002, en una cafetería de la calle de las Arrebalgadas, mientras me zampaba la merienda, que consistía en un sándwich de realidad, como diría el amigo Ginsberg, un zumo de naranja natural y un café con leche mediano, con sacarina, mi madre me preguntó:

¿Tienes alguna buena noticia que darnos?


David González. Siguiendo los pasos del hombre que se fue. Canalla Ediciones, mayo 2017.



RASGOS DE ESTILO, 2

1) Si te fijas en el texto de más arriba, verás algunas frases en cursiva. Son las frases subordinadas o, como yo las llamo, frases informativas. Oraciones que no intervienen en la acción. Es decir, el mismo texto, sin frases en cursiva (salvo la última, que es una línea de diálogo), no pierde para nada su sentido. Veamos:

Hace ahora tres años, en una cafetería de la calle de las Arrebalgadas, mientras me zampaba la merienda mi madre me preguntó:

¿Tienes alguna buena noticia que darnos?


O incluso si me apuras:


Hace ahora tres años, mi madre me preguntó:

¿Tienes alguna buena noticia que darnos?


Esto ofrece dos modalidades de lectura. Una sería leerlo con las oraciones en cursiva. La otra, sin ellas. O incluso leer el libro entero de una manera y luego volver a leerlo de la otra. En fin, distintas modalidades de lectura para que el lector interactúe con el texto. Al mismo tiempo es también una buena enseñanza para aquellos narradores que tengan problemas con las subordinadas.

2) En los textos en prosa, las líneas de diálogo van siempre en cursiva y a veces en negrita y separadas entre sí por un doble espacio. Esto me ahorra lidiar con los dichosos y engorrosos guiones y otros signos de puntuación que aborrezco.

3) La mayor parte de las historias del ciclo transcurren en la ciudad de Gijón. Pero me apetecía inventarme una ciudad de ficción que a un tiempo no dejara de ser una ciudad real, no dejara de ser Gijón. Entonces se me ocurrió nombrar a las calles de mi ciudad con otros nombres con los que aparecían en años anteriores en los callejeros. Nombres, a mi juicio, más populares y más hermosos que muchos de los que hay ahora. En el texto aparece la calle de las Arrebalgadas, pues bien, esa calle existe ahora mismo en Gijón solo que con su actual nombre: calle de San Bernardo... Esta técnica la llevo usando desde Campanas de Etiopía...






Beñat Arginzoniz: Oscuro animal celeste (1):



Pasar
como pasa el pájaro sin peso ni memoria.
Temblar como tiembla la flor
olvidada en su nada.
Ser la sombra en el límite
sin retorno de la luz.
Pero el corazón ciego
insiste como el hombre en su derrota.







Entre metales dormidos,
junto a las sordas raíces del sueño,
allí donde los muertos realizan
sus cálculos sombríos.
Entre pálidas cenizas,
contando sombras, párpados,
monedas oxidadas,
repitiendo la interminable lista
de los hombres, de los cielos,
de los perros que pasan.
Con las manos ya casi transparentes
y los labios confundidos por un mismo frío.
Escuchando el latido nocturno de la piedra
nos esperan
debajo de la tierra.



Beñat Arginzoniz. Oscuro animal celeste.  El Gallo de Oro Ediciones, junio de 2016. Del prólogo: José Fernández de la Sota.


jueves, 25 de mayo de 2017

Jesús Lizano: No se te olvida, Maestro:



Tal día como hoy, de hace dos años, falleció el poeta y pensador libertario Jesús Lizano. Un maestro. Su poesía sigue presente. 


DESEMBARCADERO

Bajaremos hablando, unos con otros
por la calle, del brazo del amigo,
una tarde que llueva, sin testigo,
bajaremos perdidos en nosotros.

Helará nuestra voz, seremos potros
con la marca del sueño y del castigo,
bajaremos del bosque, del abrigo,
abrazado a cualquiera de vosotros.

Llegará nuestro barco, un marinero
nos irá colocando sin preguntas
en el oscuro desembarcadero.

Bajaremos sin fin, no habrá sendero,
eternamente nuestras manos juntas,
agotadas las flechas el arquero.






El poeta es la esperanza.
Que no sabré yo del poeta
si lo soy de la noche a la mañana.

El poeta es la angustia.
Qué no sabré yo 
si toda mi vida es suya.

El poeta es la plenitud.
Lo sé yo
que conozco la cara
y conozco la cruz.





LAS PERSONAS CURVAS

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre el curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños, curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva;
el día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas;
vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.



Jesús Lizano. Lizania, aventura poética 1945 - 2000. Editorial Lumen, 2001.